Su imagen en la mente
es lo que me pone así. Ni ella ni lo suyo; su sola imagen, o su fantasma, o lo
que sea que ha venido y se ha instalado, sin pedir permiso, en mi despoblada
cabeza.
La imaginación le
renta; le ofrece tres comidas y le tiende la cama. Un poco la soledad se
encarga de las compras y las ganas de la limpieza. Entre todas la mantienen; le
desocuparon la habitación del fondo y el armario cuadrado. Sacaron un par de
cosas que yo tenía ahí y le dieron llave de la entrada.
Y no sale. Se instaló
y no sale. Y a mí ni permiso me pidieron.
