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HE DEJADO DE RONCAR

Dejé de roncar.
No sé yo si por pena o convicción,
si para no despertarte o
para que no me echaras
–ojeras profundas–
de tu cama sin razón.
Dejé de roncar.
Y será la almohada o
un efecto del somier,
serán los calores o
la ausencia de soledad,
será que sueño en lugar de descansar,
¡qué sé yo!
lo cierto, vida mía,
es que he dejado de roncar.



VERRUGA


Estoy buscando
un modo para referirme
al lunar que te adorna
el triángulo del cuello,
justo luego del trapecio
donde mis sueños
se suelen columpiar,

pero no encuentro
un término más poético,
que el nombre verruga
o excrecencia cutánea
de forma circular;

y no encuentro,
tampoco,
un deseo más puro
que recorrer
tu superficie
desde el escote
hasta el detrás de la oreja
preparando el terreno
para la cauterización

   que haré de un
      solo lengüetazo
            rodeando la carótida
                erizándote la piel.



PIES DE CLIMA


Mis pies controlan los cambios de clima;

a finales de mayo 
se negaron a meterse
en las deportivas rojas 
de los cordones blue;

se calzaron, 
apresuradas, 
unas chancletas
dizque brasileñas, 
que atrajeron el verano
y reventaron el calor.

Habían estado 
engarruñados desde entonces
taloneando por las calles, 
exprimiéndose al sol;

pero apenas, 
ansiando el otoño,
exigieron calcetines
sedujeron a las botas,
aquellas cenicientas
de la cremallera añil.

Ayer llovió.

CREDO FEROMONAL


Creo en los olores, indicios del encanto, y en las emanaciones de la piel, aliento de la atracción.

Creo en el hedor que deja un beso y en el resuello penetrante de un rincón.
Atestiguo, ferviente, el hálito de la lujuria que conduce a los enamorados, ciegos, por la pestilencia del deseo y el calor de la complicidad.
Proclamo que sin bulbo y que sin tracto el perfume de tus poros no hubiera alcanzado mi sistema central, y declaro, devoto, la fascinación endocrina que provocó en mi hipotálamo la fragancia de tu voz.
Confío en las neuronas que se rindieron a tu esencia, en tu olor a confianza y libertad, amo los cilios que captaron el vaho de tu cuerpo y los vapores de tu sexo, femenino singular. Soy un creyente apasionado del tufo de tu presencia, del bálsamo de tu sonrisa y de las exhalaciones de tu tacto, y espero, febril, que dios nos libre de la sinusitis.


VICIO DE TI

He empezado a fumar los fines de semana
y a sentir ansiedad de lunes a viernes,
añorando los trenes largos
y el sol de Madrid.

Entre esperanzado y melancólico
agoto los días laborables
y no descanso de mi nostalgia antes
del sábado
en la cama clínica de algún hostal.

Ha debido ser el aire de tabaco en tus labios
y la nicotina del dentro de tu cuerpo
lo que me ha provocado la adicción
 
a tus besos,
al amor tuyo,

y una aguda dependencia física
de ti,

del físico tuyo
y de todo lo demás.


(Incurable, por cierto
me lo ha dicho ya el doctor.)


MANO EXTRAÑA

Síndrome de la mano extraña: 
Afección en la cual una de las manos de 
quien la padece parece adquirir vida propia.



Una de mis manos dejó de obedecerme. 

Una mañana golpeaba libremente sobre la mesa y me quitaba la taza de café de la boca. Me daba cachetadas a su antojo y clamaba eufórica al cielo. Se estaba quieta si cuidadosamente ponía algún objeto en ella pero pronto dejé de confiar en que pudiera mantenerse enganchada a un proyectil.
Tenía ratos de tranquilidad. De noche la sorprendía buscando entre las sábanas y mandando mensajes desde el celular; a veces sólo acariciaba al viento o se mantenía por momentos en posición de rodear. Otras veces nomás se encogía como si sostuviera algo que pudiera poseer.
El médico descartó lesión cerebral; después la otra mano se empezó a contagiar.
Al principio me ayudaba a contener a su compañera pero luego se sumó complacida a sus estados de enajenación. Manejaban el coche a su antojo o paraban el autobús que ellas elegían; tocaban canciones desconocidas, dividían el desayuno en dos y escribían cartas larguísimas que no evité enviar.
Se han confabulado y se sostienen los hombros como si estuvieran abrazando; a veces se colocan en esa extraña posición de cuna a la altura de la cadera y me impiden pasar al otro lado de la cama; han quitado la almohada y luego de recorrer el espacio amasando las sábanas, presionando con las palmas y frotando en circular, lo abrigan con cariño y lo parecen velar.
De pronto hacen ese gesto con el que parece que buscan, a un lado y a otro y luego regresan a su posición original. En los sitios necesito lugares vacíos alrededor porque sé que en cuanto me siente no dejarán de fisgonear, escarbando en todo el contorno hasta que se cansen de no encontrar.
Hoy por fin me lo explicaron todo; me escribieron una nota en el espejo del baño, vaporizado por el agua caliente del lavabo. Lo que a ellas les falta es una pierna que arrullar; lo que buscan son unos brazos que recorrer, un laberinto en una espalda donde explorar, un pelo lacio para acomodar detrás de la oreja y un rostro que acariciar. Lo que les falta son otras manos que sostener y una cintura que quieren rodear. No es un síndrome pues, es un tic adquirido en un estado que añoran y esperan recobrar.
Al final han prometido portarse bien.
Mis manos extrañas.
Mis manos extrañan.




ESTÓMAGO

Hablo con mi estómago.

Sus ruidos me avisan del hambre y del peligro.
Cuando se convulsiona sé que estoy emocionado
y cuando está satisfecho que debo dormir.

Por las mañanas me despierta con un retortijón
y no me deja ir a la cama sin los deberes cumplidos,
cuando se llena de insectos que vuelan
los nervios contagian el sistema entero
y sus huecos me avisan lo que falta
y no debe faltar.

La sensación a veces me impregna la garganta
o me acelera el pulso y la respiración;
esta mañana me ha dado una taquicardia
que el cerebro ha llamado delirio
y que el estómago, atinado,
ha corregido recuerdo
y desolación.


  

TUS LABIOS

Tus labios,
que hablan y hablan
mueven y se mueven
de un lado a otro
hipnotizando su contoneo
mis ojos
que se prenden y prenden
de sus sacudidas
y de los tuyos
y no atinan qué mirar;

si tus ojos,
que los miran y miran,
o tus labios,
que abren y cierran
que saltan y menean,
que invitan
que gritan
que citan
que llaman y convocan,
que dicen, que me dicen,
claro, muy claro,
que no quiero morir
sin volverlos a besar.

SONRISA DESARMADOR


Músculos que flexionan
con efecto destornillador,
presentaste tu presupuesto
mirada martillo
buscapolos universal,
pero dejaste la pared abierta
alicate de punta
sonrisa que desarma,
no llevabas yeso en la caja
ni ganas de terminar.
Los tornillos eran del box spring,
sonrisa desarmador,
palabras llave inglesa
acuerdo pinzas mecánicas.
Cinta aislante.