TU ALMOHADA Y YO

Las cosas con tu almohada han cambiado.

En un principio ella no se movía de su lugar. Yo la cubría con el sobrecama cada mañana y le hacía de noche un huequito en el centro que te recordaba. Luego nos dimos cuenta de lo que te extrañamos y comenzamos a abrazarnos, nomás para conciliar el sueño, o de madrugada, cuando refresca un poco.
Entonces las cosas se salieron de control. Ella comenzó a meterse bien dentro de mis brazos y a no soltarme hasta el amanecer. Ayer desperté y la tenía entre las piernas. Una vez la sorprendí tocándome las nalgas y una noche entera dormí sobre ella pensando en ti.
Ahora se mueve por toda la cama, me persigue y me estrecha apenas me acuesto y luego se aprieta contra mí, atosigándome toda la noche hasta que, cansado, le hago el amor.
Y luego no descansa.
Creo que vamos a tener un hijo.



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