Para faltar y no al lugar común,
no caen hojas ni se cae el cielo a pedazos,
caen memorias y los recuerdos de un verano
del que queda poco sol y algunas
imágenes de ordenador.
Para faltar y no a la ridiculez,
falta la arena entre los dedos y
los paseos por la castellana;
falta tu sonrisa tumbada al césped y
las cervezas y las olivas y el calor de la ciutadella.
Le faltan horas al día y
tu voz grave preguntando
la hora de comer.
Para faltar y no a la nostalgia,
sobra ciudad y faltan los
pueblos blancos de la costa brava y
las claras y las patatas y el pulpo y
las sepias enlimonadas.
Falta la brisa y la molicie y
los trenes despreocupados
que recorren el maresme.
Para faltar y no a la incontinencia,
faltan mis manos deambulando
atónitas de hombros a talle,
buscando febriles entre los meandros
los nudos de tu espalda.
Faltan tus carreras lisboetas y
los vendedores de rabat.

