Un poco no soporto a las niñas así, las que usan dos ojos de esos que solitos ya encandilan y encima una mirada de aquellas que de un golpe te amodorran; no lo sé, pero me choca que además, ¡además sonríen!, con total irresponsabilidad y la desfachatez de andar «así nomás», cargando a todos lados con la sonrisa, y la mirada, y los ojos…
Otro tanto me repatea que siempre sean las mismas, las que sonríen y pasan, ajenas a la estupidez que aletarga los ojos, indiferentes al interés que levanta la mirada, indolentes a la sonrisa que contempla la sonrisa…
¡Me encabrona que no te dejen concentrar! Que se aparezcan por ahí diciendo hola y sonriendo como si nada, o como fantasmas en la imaginación, sin enterarse de las ideas que las rondan ni de las palabras, o su ausencia, que las cortejan.
Pero lo que más me enoja es que sabiendo todo esto, no puedes dejar de sonreír con su solo recuerdo.

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