MANIQUÍ

El otoño trae otros paisajes y un poco de viento,
las chicas en la calle se cubren las piernas y la nostalgia de sol que palidece su espalda,
los aparadores se entibian con jerseys de punto y gorros a gancho de lana cálida, arrebujada.

Las dependientas envuelven a las jóvenes de los escaparates en bufandas de colores,
las emboinan y las enmallan pero dejan que las piernas largas se asomen por debajo de las faldas, sugerentes.

En la vidriera se reflejan los atuendos menos glamourosos de los paseantes, 
ellas en cambio lucen las novedades de la moda con sonrisas entrenadas y miradas convincentes.

Yo paso como cada mañana y saludo a mi chica; es la de peluca rubia con gorra de colegiala,
hace unos días llevaba la falda corta de los pliegues a cuadros y una blusa de tirantes
pero esta mañana se prueba un abrigo y unas botas largas con medias de figuras. 

Me distraigo con unas castañas mientras observo la vitrina y su lujo;
disimulo viendo el precio y le guiño un ojo a mi muchacha antes de seguir la marcha, ilusionado.

Ya estoy esperando los vestidos negros de noche vieja
y los antifaces con que las empleadas cubren sus miradas.



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