FASTIDIO
Un poco no soporto a las niñas así, las que usan dos ojos de esos que solitos ya encandilan y encima una mirada de aquellas que de un golpe te amodorran; no lo sé, pero me choca que además, ¡además sonríen!, con total irresponsabilidad y la desfachatez de andar «así nomás», cargando a todos lados con la sonrisa, y la mirada, y los ojos…
Otro tanto me repatea que siempre sean las mismas, las que sonríen y pasan, ajenas a la estupidez que aletarga los ojos, indiferentes al interés que levanta la mirada, indolentes a la sonrisa que contempla la sonrisa…
¡Me encabrona que no te dejen concentrar! Que se aparezcan por ahí diciendo hola y sonriendo como si nada, o como fantasmas en la imaginación, sin enterarse de las ideas que las rondan ni de las palabras, o su ausencia, que las cortejan.
Pero lo que más me enoja es que sabiendo todo esto, no puedes dejar de sonreír con su solo recuerdo.
TUS LABIOS
Tus labios,
que hablan y hablan
mueven y se mueven
de un lado a otro
hipnotizando su contoneo
mis ojos
que se prenden y prenden
de sus sacudidas
y de los tuyos
y no atinan qué mirar;
si tus ojos,
que los miran y miran,
o tus labios,
que abren y cierran
que saltan y menean,
que invitan
que gritan
que citan
que llaman y convocan,
que dicen, que me dicen,
claro, muy claro,
que no quiero morir
sin volverlos a besar.
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