ESPERANZA


Esperanza espera en la esquina de Esquilo. Los coches pasan, aunque no todos indiferentes¸ los menos diferentes pitan y los choferes, mano en pito, chiflan y hacen cambios de luces. Ni luces de un cliente en serio. Serio, alguno se para, baja la ventanilla y pregunta a la menos vieja. ¡Vieja puta! ni quién le pague tanto dinero, y arranca pitando, pito en mano, y gritando ¡mucho dinero!
De enero para acá las cosas han empeorado; empero Esperanza espera no verse vieja, vieja la lonja que se coge y que se faja lo más ajustado que puede esperanzada en que caiga uno no tan malo, al menos de coche, –los coches pasan– que quiera coger a la fajada. Fajada la de las mañanas, lavando la ropa, limpiando los pisos y diciendo a todo lo que le mandan “Sí señora”.
Señora… sí, asté, ¿cuánto? Cuanto le manda la catrina tiene que hacer “Ándale Pera, por favorcito”
Favorcito doña, un favorcito, mire como ando…
Y ni decirle que no al Señor… –¡Señor! Déjeme en paz, ¡pas!
Órales, es que le estoy hablando y ni me pela…
–Pera, ¿te están molestando? –Nada más es un borracho…
Voy voy voy, puta y delicada, si quiere gabacho váyase a Insurgentes…
–Las gentes no entienden que una tiene dignidad…
Serio, un coche se para –los coches pasan aunque no todos indiferentes– baja la ventanilla y llama a una. Vieja, si tú la de negro, la gordita; la mitad, anda, para que no estés aquí esperando…
La noche en pleno, pocos faroles, faroles los que pasan y pitan, mano en pito y pito en mano, alardeando y gritando a las viejas. Viejas las estrellas de la noche que casi termina y mina el futuro de Esperanza, que aún espera en la esquina de Esquilo, vestida de puta, toda fajada.
Fajada la de mañana…



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