Habitas el
edificio de mi mente,
ocupas
todos los departamentos de mi pensamiento
y el
casero-corazón ansía que haya desperfectos para
presentarse
en tu puerta, dispuesto a no arreglar nada
para poder
volver.
Si
compartieras mis ansiedades
ni siquiera
tendría que inventar descomposturas,
podría
tener la misma llave,
en la misma
casa y el mismo código postal,
jalarte la
sábana, quitarte la almohada
y llenar
mis ganas de tí
antes de
desayunar.
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