FASTIDIO

Un poco no soporto a las niñas así, las que usan dos ojos de esos que solitos ya encandilan y encima una mirada de aquellas que de un golpe te amodorran; no lo sé, pero me choca que además, ¡además sonríen!, con total irresponsabilidad y la desfachatez de andar «así nomás», cargando a todos lados con la sonrisa, y la mirada, y los ojos…
Otro tanto me repatea que siempre sean las mismas, las que sonríen y pasan, ajenas a la estupidez que aletarga los ojos, indiferentes al interés que levanta la mirada, indolentes a la sonrisa que contempla la sonrisa…
¡Me encabrona que no te dejen concentrar! Que se aparezcan por ahí diciendo hola y sonriendo como si nada, o como fantasmas en la imaginación, sin enterarse de las ideas que las rondan ni de las palabras, o su ausencia, que las cortejan.
Pero lo que más me enoja es que sabiendo todo esto, no puedes dejar de sonreír con su solo recuerdo.
Me caga la madre.



TUS LABIOS

Tus labios,
que hablan y hablan
mueven y se mueven
de un lado a otro
hipnotizando su contoneo
mis ojos
que se prenden y prenden
de sus sacudidas
y de los tuyos
y no atinan qué mirar;

si tus ojos,
que los miran y miran,
o tus labios,
que abren y cierran
que saltan y menean,
que invitan
que gritan
que citan
que llaman y convocan,
que dicen, que me dicen,
claro, muy claro,
que no quiero morir
sin volverlos a besar.

MANIQUÍ

El otoño trae otros paisajes y un poco de viento,
las chicas en la calle se cubren las piernas y la nostalgia de sol que palidece su espalda,
los aparadores se entibian con jerseys de punto y gorros a gancho de lana cálida, arrebujada.

Las dependientas envuelven a las jóvenes de los escaparates en bufandas de colores,
las emboinan y las enmallan pero dejan que las piernas largas se asomen por debajo de las faldas, sugerentes.

En la vidriera se reflejan los atuendos menos glamourosos de los paseantes, 
ellas en cambio lucen las novedades de la moda con sonrisas entrenadas y miradas convincentes.

Yo paso como cada mañana y saludo a mi chica; es la de peluca rubia con gorra de colegiala,
hace unos días llevaba la falda corta de los pliegues a cuadros y una blusa de tirantes
pero esta mañana se prueba un abrigo y unas botas largas con medias de figuras. 

Me distraigo con unas castañas mientras observo la vitrina y su lujo;
disimulo viendo el precio y le guiño un ojo a mi muchacha antes de seguir la marcha, ilusionado.

Ya estoy esperando los vestidos negros de noche vieja
y los antifaces con que las empleadas cubren sus miradas.



KARMA

Hace unos días me robaron la cartera. Lo curioso es que hoy, al pasar por la comisaría de policía, me vino a la mente la palabra karma. No es que la crea o predique alguna virtud védica, pero es que días antes de mi robo me quedé callado frente a otro ladrón, uno que no me robó a mí, por cierto, pero que de seguro acabó llevándose el dinero de alguien más.
Siempre he sido enemigo de la indolencia. Creo que lo que hay de común entre los hombres debe ser suficiente para conmoverse en la miseria o indignarse ante la injusticia, pero la necesidad de robar no salva el abuso, y me ofendí pero me quedé callado. Karma.
Fue en el metro de Madrid. El tipo había intentado abrir la bandolera que me colgaba por la espalda pero de eso me di cuenta mucho después. Yo me alejé de él porque se había metido justo detrás de mí y me incomodaba. Entonces me acerqué a la puerta, dándole la espalda y esperando el arribo a la estación de Atocha.
A través del reflejo vi cómo se empeñaba en abrir la mochila de una distraída turista japonesa. Un señor que, impertinente, comentaba a la desconocida a su lado ‘estos asiáticos no pueden ocultar su procedencia’ guardó silencio. También él hubiera sido testigo del robo y no dijo nada. Yo volteé hacia atrás queriendo avisar a la turista cuando el ladrón notó que lo miraba y molesto se alejó, como disculpándose, con la misma seña con que había reaccionado antes de cambiarme de sitio en el vagón. En ese momento me bastó que el ladrón se alejara y no dije más. Pensé también que viéndose sorprendido hubiera podido reaccionar con violencia o tomar venganza y no dije nada. El convoy terminó de llegar y abiertas las puertas los japoneses y hasta el impertinente y su desconocida bajaron conmigo, pero el tren siguió su camino con un carterista a bordo. Y yo no dije nada.
Cinco días después sentí cómo me sacaban la cartera en el metro de Barcelona. Hora pico rumbo a la Sagrada Familia. En el sonido local una voz avisó a los usuarios de la presencia de carteristas; no se trataba de la grabación habitual que se repite periódicamente, era una voz nerviosa interrumpiendo la secuencia ordinaria.
Apenas sentí mi bolsillo vacío pedí mi cartera al aire y en cuanto descubrí a un tipo que me miraba con una mano detrás de la espalda no dudé en sujetarlo y pedírsela. Él pareció ofendido por mi reclamo pero unos segundos más tarde mi cartera cayó al suelo. Sentí alivio, con todo y que el ladrón siguió alegando que no podía acusar a cualquiera en medio de tanta gente, pero no noté entonces que el robo había sido consumado ni puse atención a los cómplices a su espalda.
No fue así mi reacción en Madrid y recordé unas líneas que leí en una pared de la Ciutat Vella: «Primero vinieron a buscar a los comunistas y yo no hablé porque no era comunista». No era mi cartera la primera, pero mi cartera ya estaba en juego, quién lo sabe. «Vinieron por los judíos y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie más que pudiera hablar por mí».
Karma.
El ladrón bajó escoltado por dos tipos más en la siguiente estación. No sin pesar noté entonces que unos pocos segundos habían bastado para sacar el dinero de la cartera pero no me molesté.
Kabrones…
El policía que tomó mi denuncia me interrumpió para reprocharme que hubiera enfrentado al carterista,  –¿qué debía haber hecho entonces? ¿Guardar silencio? No debí haberlo hecho siquiera en la intentona de Madrid, donde no era mi cartera la que estaba en juego.
O ya estaba en juego, quién lo sabe.
Karma.


OTOÑO

Para faltar y no al lugar común,
no caen hojas ni se cae el cielo a pedazos,
caen memorias y los recuerdos de un verano
del que queda poco sol y algunas
imágenes de ordenador.

Para faltar y no a la ridiculez,
falta la arena entre los dedos y
los paseos por la castellana;
falta tu sonrisa tumbada al césped y
las cervezas y las olivas y el calor de la ciutadella.

Le faltan horas al día y
tu voz grave preguntando
la hora de comer.

Para faltar y no a la nostalgia,
sobra ciudad y faltan los
pueblos blancos de la costa brava y
las claras y las patatas y el pulpo y
las sepias enlimonadas.

Falta la brisa y la molicie y
los trenes despreocupados
que recorren el maresme.

Para faltar y no a la incontinencia,
faltan mis manos deambulando
atónitas de hombros a talle,
buscando febriles entre los meandros
los nudos de tu espalda.

Faltan tus carreras lisboetas y
los vendedores de rabat.





AUSENCIA

Tu ausencia me mata.
Y me matan las ganas de correr a buscarte
y me mata el deseo, y la rabia me mata,
me mata el abandono y tu falta,
me mata el vacío,
y la añoranza.

Me mata la nostalgia
el destierro y tu desgana,
me matan mi anhelo y tu rechazo.
Y mi capricho.
Y la renuncia
me mata.




DIFERENCIA HORARIA III


El reloj y el cansancio te anuncian la hora de dormir.

Yo más bien despierto y te lleno de rastros
el camino de mañana, que hoy no pasas por aquí.

Lo publico en tu muro,
te saturo el inbox desde el celular,
te sigo en el twiter y actualizo el blog
para que de camino a la oficina
te diviertas con la black.

Comento las fotos del tuenti,
de tu facebook me gusta todo
pero no puedo darle me gusta más
a la foto que tienes con la falda de colores
y la blusa azul.

No es medio día para cuando la compu del
despacho ya está atiborrada
de mensajes que le llegan en off
por el chat del correo y
el mensajero de windows live.

No olvido dejar alguna cosa en myspace
y en el viejo hi5 por si el tiempo te da,
hasta te dejo un link en mendeley
que trata el tema de tu paper actual;

el mío ya lo verás, en el perfil de linkedin
que para eso también sirve la red.

De tarde repito la operación
para que pienses en mí
esta noche mientras juegas con el ipad;
pero me quiero asegurar
y te mando un sms
que te pillará acabando de comer.

Y llaman a esto contemporaneidad.





DIFERENCIA HORARIA II

La alarma de Ella enciende cada mañana a la hora que suelen hacerlo las alarmas bien programadas. Cinco minutos –piensa–, y la alarma descansa hasta que la próxima canción anuncia que han transcurrido. Pasarán diez más hasta que su brazo revuelva las sábanas buscando el celular y el control de la tele. –Ya es tarde, dirá en voz alta, y sentándose sobre la cama se preguntará ¿Qué habrá de comer?

Hace tiempo que Ella dejó de preguntar por el desayuno. Su hambre de las mañanas la vincula con el hambre de Él, quien al mismo tiempo –no a la misma hora– estará entrando al comedor de la universidad preguntándose por la comida.
Él pide el menú sólo si lleva pasta y un bocadillo si no hay más. Con la comida, café, aunque no lo toma hasta el postre de cigarrillo. Mirará entonces la hora y, entre aspirando y sorbiendo, contemplará la bebida a los ojos musitando un buenos días con el primer trago y contestándose a sí mismo en medio de una bocanada.
El cigarro de Ella se consume apoyado en un cenicero negro a la sombra de un café que se enfría. Ella trabaja frente a la pantalla alternando las notas del trabajo con los mensajes que Él ha escrito a la misma hora –no al mismo tiempo– y yendo del ceño fruncido a la sonrisa abierta que comparte con un pastel. El medio día la alcanzará en el mismo lugar y entre risas se sorprenderá de que el sol que ahora levanta esté tan caído más allá. Buenas noches, escribe en una ventana de la pantalla de su ordenador. Él sonreirá al reflejo que se lava los dientes embelesado con el destello de la pantalla al otro lado del cristal.
Esa noche dormirá abrazado a una almohada y Ella velará su sueño desde el teclado de la oficina, con la luz del escritorio y un cenicero que se ha vuelto gris de hacerse espacio para las colillas de la tarde. No dejará de trabajar hasta entrada la noche y pensará entonces en la luz que se abre en el horizonte mientras espera un semáforo de regreso a casa en medio de la oscuridad. Será media noche, pero Ella comentará convencida lo que le gusta la primera luz de la mañana asomándose debajo de las persianas, y llegada a casa, con una sonrisa, dormitando frente al televisor, dirá Buenos días mi amor.
A Él lo despierta el sol, el ruido de la tele y el hueco que descubre del lado izquierdo de la cama. Levantándose recogerá la almohada, cubrirá el hueco con ternura y una sábana y apagando el aparato dirá en voz baja camino del lavabo, Hasta mañana.



DIFERENCIA HORARIA


Desayuno todos los días apenas inicia la noche, luego reviso el periódico del día después y me río de pensando que tú no sabías que hoy amanecía,

cuando te fuiste,
muy temprano,
esta mañana,
a dormir.

Despiertas a la comida, lees las noticias del día avanzado y te ríes de pensando que yo ya lo sabía, que será ya tarde, que para cuando regreses, yo estaré yendo a la cama,
a soñar contigo,
y a dejarte alguna pista
para que sepas,
cuando pases,
que anduve por ahí.




CHIQUITIBUM





Me estoy aficionando,

a ti, a lo tuyo

y a esa sonrisa tuya de foto
que admiran tus fanáticos
y seguidores.

Me estoy aficionando a ti
y a esa voz grave tuya
con la que tu ingenio
gana adeptos
y tu entusiasmo adhesión.

Estoy quedando prendado
de la armonía de tus excepciones.
Me estoy habituando a ti.

Me estoy aficionando,
a ti, a lo tuyo
y a esas palabras tuyas
con las que lo llenas todo
de humor y de adicción.

Me estoy aficionando a ti
y a esa certeza tuya
con la que transformas
al más tibio en un incondicional
de tu gracia y tu libertad.

Estoy quedando prendido
del encanto de tu juicio.
Me estoy habituando a ti.

Me estoy aficionando,
a ti, a lo tuyo
y a esa iniciativa tuya
que llena de sentido la inspiración.

Me estoy aficionando,
a ti y a todo lo tuyo.
Estoy por hacerme socio,
chiquitibum.





SONRISA DESARMADOR


Músculos que flexionan
con efecto destornillador,
presentaste tu presupuesto
mirada martillo
buscapolos universal,
pero dejaste la pared abierta
alicate de punta
sonrisa que desarma,
no llevabas yeso en la caja
ni ganas de terminar.
Los tornillos eran del box spring,
sonrisa desarmador,
palabras llave inglesa
acuerdo pinzas mecánicas.
Cinta aislante.

TU ALMOHADA Y YO

Las cosas con tu almohada han cambiado.

En un principio ella no se movía de su lugar. Yo la cubría con el sobrecama cada mañana y le hacía de noche un huequito en el centro que te recordaba. Luego nos dimos cuenta de lo que te extrañamos y comenzamos a abrazarnos, nomás para conciliar el sueño, o de madrugada, cuando refresca un poco.
Entonces las cosas se salieron de control. Ella comenzó a meterse bien dentro de mis brazos y a no soltarme hasta el amanecer. Ayer desperté y la tenía entre las piernas. Una vez la sorprendí tocándome las nalgas y una noche entera dormí sobre ella pensando en ti.
Ahora se mueve por toda la cama, me persigue y me estrecha apenas me acuesto y luego se aprieta contra mí, atosigándome toda la noche hasta que, cansado, le hago el amor.
Y luego no descansa.
Creo que vamos a tener un hijo.